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Una antigua costumbre familiar:
la bendición a los hijos

Les queremos plantear una idea bonita. En muchas familias existe esta costumbre. Es la costumbre de bendecir a los hijos. Es un derecho –y un privilegio- propio de los padres. Ya en el Antiguo Testamento lo descubrimos como costumbre arraigada en la cultura. Bendecir significa santificar, consagrar. Es muy sencillo, pero muy profundo. El padre, o la madre se inclina sobre su hijo y marca una crucecita con su mano en la frente del hijo. Con este gesto están implorando la presencia de Dios en su alma, en su corazón. Y con este gesto de alguna manera se obligan a inclinarse ante el templo de Dios que es su propio hijo.
 

No hay recetas de cómo se tiene que hacer, se puede crear una costumbre propia, según la originalidad de cada familia, llenándolo de contenido. Hay familias donde es el padre el que bendice, otras, la madre. Otras, los dos. Familias con niños pequeños y familias cuyos hijos ya están casados y siguen acudiendo a buscar la bendición en determinados momentos. En ocasiones es el hijo el que toma la iniciativa, en otras, el padre. Puede ser por la noche, cuando los niños no se acuestan nunca sin haber acudido antes a recibir la bendición, o junto con el beso de las buenas noches. Puede ser por la mañana. Hay padres que no dejan partir de viaje a sus hijos sin su bendición. Y familias donde toda discusión no está superada sin haber terminado con una bendición.

Este gesto, si está lleno de vida, de contenido y se usa con el tono debido, puede ser una fuente de gracias, de unidad, de respeto muy importante en una familia. Si en nuestra familia practicamos esta tradición, continuémosla, pero si aún no lo hacemos, propongámonos fomentarla.
 

 

 

 

 

 

 

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