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A partir del 21 de Junio y hasta nuevo aviso, todos aquellos que deseen participar en la misa dominical, deben inscribirse cada semana:

Por favor lean las INDICACIONES para tal efecto, publicadas en la página Web 

Los Magos Tuvieron Una Estrella, Nosotros Tenemos A Maria

La fiesta de la Epifanía nos mueve a todos los fieles a compartir las ansias y las fatigas de la Iglesia, que “ora y trabaja a un tiempo, para que la totalidad del mundo se incorpore al pueblo de Dios, Cuerpo del Señor y Templo del Espíritu Santo”

 

Nosotros podemos ser de aquellos que, estando en el mundo, en medio de las realidades temporales hemos visto la estrella de una llamada de Dios, y llevamos esa luz interior, consecuencia de tratar cada día a Jesús; y sentimos por eso la necesidad de que muchos se acerquen al Señor y purifiquen su vida.

La Epifanía es la fiesta de la Fe y del apostolado de la Fe. “participan en esta fiesta tanto quienes han llegado ya a la fe como los que se encuentran en el camino para alcanzarla. Participan, agradeciendo el don de la Fe, al igual que los Magos, que, llenos de gratitud, se arrodillaron ante el Niño. En esta fiesta participa la Iglesia, que cada año se hace mas consciente de la amplitud de su misión. ¡a cuantos personas es preciso llevar todavía a la fe!, ¡a cuantas personas más es preciso reconquistar para la fe que han perdido!.

La Epifanía es la fiesta del desafío de Dios”.

Nosotros hemos de estar atentos porque el Señor se nos manifiesta también en lo habitual de cada día. Que sepamos recuperar esa luz interior que permite romper la monotonía de los días iguales y encontrar a Jesús en nuestra vida corriente.

Nos arrodillamos también nosotros delante de Jesús, del Dios escondido en la humanidad: le repetimos que no queremos volver la espalda a su divina llamada, que no nos apartaremos nunca de él, que quitaremos de nuestro camino todo lo que sea un estorbo para la verdadera felicidad; que deseamos sinceramente ser dóciles a sus inspiraciones.

Pidámosle también “ a la Madre de Dios”, que es nuestra Madre, que nos prepare el camino que lleva al amor pleno, su dulce corazón conoce el sendero más seguro para encontrar a Cristo.

 

(Del libro “Hablar con Dios” de Francisco Fernandez Carvajal) 

 

 

 

 

 
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