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El Monopolio Del Bien

El orgullo de los discípulos se expresa en la pretensión de tener, en cuanto grupo, el monopolio absoluto de Jesús. No se sabe ni quién era el exorcista ni su modo de proceder. Al evangelista sólo le interesa poner de relieve la apertura que la comunidad cristiana ha de tener frente a los que, no perteneciendo expresamente a la Iglesia, trabajan como ella por el Reino y la liberación de las personas.

 

En las primeras comunidades cristianas había surgido ya la tentación que inducía al monopolio y a fijar de forma rígida las características que deben tener los verdaderos profetas. El evangelista exhorta a la comunidad a no darse importancia y a no atribuirse el sacrílego monopolio del Hijo de Dios. Jesús contesta a Juan, que le informa que habían prohibido echar demonios en su nombre a uno que no era del grupo: “No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede hablar mal de mí y está a nuestro favor”. (Mc 9,39) Los apóstoles están afectados de un celo sectario y quieren monopolizar el carisma. En cambio, Jesús revela un espíritu abierto y generoso.

 

 

Seguimos tentados de monopolizar el bien. Un ejemplo: en la parroquia se suministran ayudas especiales con ocasión de la Navidad. La Asociación de Vecinos hace lo mismo. Los responsables de Cáritas ponen el grito en el cielo, “porque lo hemos hecho siempre nosotros. Es cosa nuestra”. Les repliqué: si lo que buscamos es el bien de las personas, ¿qué más da quién lo haga?Hemos de dar testimonio personal y colectivo ayudando a las personas; no importa este tipo de prestigio personal o colectivo. Pablo decía: “Lo que interesa es que Cristo sea anunciado”(Flp 1,18). Los nuevos “calvarios”son los lugares donde hemos de encontrarnos todas las personas de buena voluntad sin diferencia de credos y de filosofías.

 

(Tomado del libro: “Jesús habla hoy”)

 

 

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