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Dejémonos Consolar 2

Al respecto, el Pontífice puso dos ejemplos de situaciones en las que el hombre prefiere «no dejarse consolar».

 

Está, en primer lugar, «la actitud de resentimiento». Esto, cuando «nuestra preferencia es por el resentimiento, el rencor», y nosotros «cocinamos nuestros sentimientos en ese caldo, el caldo del resentimiento». En esas situaciones el hombre tiene «un corazón amargo, como si dijera: “Mi tesoro es mi amargura; allí estoy yo, con mi amargura”». Un ejemplo se encuentra en el Evangelio, en el episodio del paralítico de la piscina de Siloé: «treinta y ocho años allí, con su amargura, y siempre explicando: “Pero no es mi culpa porque cuando se mueven las aguas nadie me ayuda”». Razonaba siempre «en negativo». Comentó el Papa: «Para esos corazones amargos es más bonito el amargo que el dulce. La amargura como explicación».

De la misma manera mucha gente prefiere esta «raíz amarga» que «nos lleva con la memoria al pecado original, el pecado que nos ha herido». Y es una forma «de no dejarse consolar». Se prefiere decir: «“No, no, no molestar, déjame aquí”. Derrotado».

Está después la actitud de los «lamentos». El hombre y la mujer «que se lamentan siempre; en vez de alabar a Dios, se lamentan delante de Dios. Y los lamentos que son la música que acompañan esa vida». Al respecto, el Papa recordó cómo santa Teresa de Ávila dijo: «Ay de la monja que dice: “me han hecho una injusticia, me han hecho algo no razonable”, ay». Y también hizo referencia a la situación bíblica del profeta Jonás, «el premio Nobel de los lamentos». Jonás, de hecho, «huyó de Dios porque se quejaba de que Dios le había perjudicado y se fue allí, después se ahogó, el pez se lo tragó. Y después volvió a la misión y después de hacer la misión, en vez de alegrarse por la conversión, el amargado viene y se lamenta: “Yo sabía que tú eras así y siempre salvabas a la gente...”, y se queja porque Dios salva a la gente». Porque, añadió, «también en los lamentos hay cosas contradictorias».


 

(L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 51, viernes 22 de diciembre de 2017)

 

 
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