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Todos aquellos que deseen participar en la misa dominical, deben inscribirse cada semana:

Por favor lean las INDICACIONES para tal efecto, publicadas en la página Web 

Cuarto Domingo De Cuaresma (B)

 

14 de Marzo de 2021

CITAS BIBLICAS PARA LA LITURGIA

Jesús vino para salvar, no para condenar. Y su historia es historia de salvación. El pueblo de Dios, desterrado por sus debilidades, es liberado por Ciro, rey de los persas. Éramos esclavos por el pecado, y gratuitamente se nos concede el perdón por medio de Jesús. Pero este deseo de salvación necesita que el hombre busque y quiera la luz y no las tinieblas.

 

ORACIÓN

Oh Dios, fuente de toda gracia, que en la muerte de Jesús en la cruz, nos mostraste tu amor a todos los hombres, haz que, poniendo nuestra esperanza en Cristo, luz de salvación, podamos vivir con fe firme nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA: 2 Co 36:14-16, 19-23

En el camino de la salvación el pueblo de Israel no todos fueron momentos de fidelidad; también los hubo de enfrentamiento y división. El Señor los castiga, pero continúa amándolos y esperando.

 

SALMO RESPONSORIAL: Sal 137:1-2, 3-4, 5-6

R/ Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.

Al borde de los canales que pasaban por babilonia,
nos sentábamos llorando al recordar a Sión.
En los sauces, que allí crecen,
habíamos colgado nuestras arpas. R/

Fue entonces cuando nuestros vencedores
nos pedían canciones
y nuestros opresores un canto de alegría.
“¡Cántennos, nos decían, un canto de Sión!”
¿Cómo íbamos nosotros a cantar canciones del Señor
en un suelo extranjero? R/

Si me olvido de ti, Jerusalén,
que mi mano se olvide de servirme.
Que mi lengua se pegue al paladar
si de tì no me acuerdo,
o si Jerusalén no es para mí mi mayor alegría. R/

 

SEGUNDA LECTURA: Ef 2:4-10

Amar a Dios no es sino la respuesta al cariño que Él nos ha tenido primero. Amar a Dios es una gracia y no una tarea por la cual merezcamos alguna recompensa o de la cual podemos enorgullecernos.

 

PROCLAMACIÓN DEL EVANGELIO: Jn 3:16

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único.
Todo el que cree en él, tiene vida eterna.

 

EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN: Jn 3:14-21

La cruz es la prueba más grande del amor y de la paciencia que Dios nos tiene. La cruz de Jesús nos cura del egoísmo, de la soberbia, nos libera de la oscuridad de una vida vivida sin amor.

 

Tema: Dios Del Amor

El evangelio de este domingo nos habla de Dios, como “Dios del amor”, no del “Dios del temor”, un Dios que es un juez severo, sino que ama al mundo, a nosotros, de una manera inexorable. Jesús en su diálogo con Nicodemo, del que nos habla S. Juan, le dice: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”...

Muchos intérpretes sostienen que esas palabras son el centro de todo el evangelio de S. Juan. Son el culmen de toda nuestra fe. La salvación del hombre se juega en base a la aceptación o al rechazo del amor divino manifestado en Cristo. Junto al amor, la imagen ruda de la cruz: he ahí de qué manera Cristo ha demostrado su amor al mundo. La cruz nos habla de un amor derrotado, y al mismo tiempo victorioso, humillado y con todo circundado de gloria. Traicionado, y sin embargo, fiel. El creyente encuentra la salvación mirando en dirección de la cruz de Cristo.

La acción de Dios se resume en dos verbos: “amar” y “dar”. Comprenderlo es una cuestión de “mirada”. Tengamos presente las dos imágenes paralelas”: si Moisés había levantado sobre un asta la serpiente de bronce en el desierto, invitando a quien había sido herido por una mordedura venenosa a mirar en aquella dirección (Núm 21, 4-9), el Hijo del hombre es levantado en el Calvario como señal de salvación. Fijemos la mirada sobre él. La mirada se desplaza de nuestro pecado a Aquel que lo quita. Lo que nos eleva no es la visión del pecado sino la de la pureza. Nosotros nos alejamos del pecado, en la medida en que nos alejamos de nosotros mismos y nos dejamos atraer por la sublimidad del amor. Amor significa atención, participación, solicitud, preocupación, esfuerzo y entrega. El amor quiere el bien del prójimo y busca favorecerlo por todos los medios.

San Pablo en su carta de hoy nos lo recuerda: “Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo, nos ha resucitado con Cristo y nos ha sentado en el cielo con Él”.

Tener fe en Cristo es también tener una visión interior sobre las cosas del mundo. La palabra “el mundo” se puede usar en dos sentidos diversos: uno “positivo”, es decir, todo lo creado, que es bueno y bello (Gen 1,3) y por lo tanto amado por Dios. Y, sin embargo, otro sentido negativo: el mundo significa la sociedad corrupta, la tentación maligna, los principios que contradicen el evangelio...

Pidamos hoy a Dios Padre por medio de Jesucristo nuestro Señor que nos ilumine para comprender la grandeza de su amor al mundo en su sentido positivo, es decir a todas las cosas creadas por su amor y sobre todo por su amor al hombre y mujer, creados a su imagen y semejanza.


Termino con una poesía del P. José Luis Martín Descalzo (1930-1991) titulada: Mis ojos, mis pobres ojos

Mis ojos, mis pobres ojos
que acaban de despertar
los hiciste para ver
no sólo para llorar.
Haz que sepa adivinar
entre las sombras la luz,
que nunca me ciegue el mal
ni olvide que existes tú.
Que cuando llegue el dolor,
que yo sé que llegará,
no se me enturbie el amor
ni se me nuble la paz.
Sostén ahora mi fe,
pues, cuando llegue a tu hogar,
con mis ojos te veré
y mi llanto cesará.

j.v.c.

 


 

 

 

 

 
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