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Cuarto Domingo De Adviento

 

19 De Diciembre De 2021

 

María, con su: “hágase en mí según tu palabra” hizo posible el único sacrificio que salva. Gracias a ella la humilde aldea de Belén espera con gozo la venida del nuevo David que trae a todos los hombres la paz y el amor de la evangelización.

 

ORACIÓN COLECTA


Oh Dios misericordioso y compasivo, que tienes predilección por los pequeños, tú enviaste a tu Hijo y llenaste de bendiciones a quienes tenían hambre y sed de salvación. Haz que nosotros, que recibimos con gozo su nacimiento, estemos unidos a él también en nuestra vida misma. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

PRIMERA LECTURA: Mi 5:1-4


El oráculo de Miqueas se refiere a Belén, patria de David y, a través de David, se refiere al rey mesiánico que se espera, descendiente de David Con esperanza, nosotros tambien esperamos a este Segundo David.

 

 

SALMO RESPONSORIAL

R/ OH DIOS, MANIFIESTATE, ¡HAZ QUE VOLVAMOS Y CONVIERTENOS!

 

 

  1. Escucha, pastor de Israel,
    Tú que te sientas en los querubines, resplandece.
    ¡Despierta tu valentía, ven y sálvanos!. 
     
  2. ¡Oh Dios Sabaot, es hora de que regreses;
    Mira de lo alto del cielo y contempla,
    Visita esa viña y protégela, ya que tu derecha la plantó!. 
     
  3. Que tu mano apoye al hombre que hace tus obras,
    Al hijo de hombre que has hecho fuerte para ti.
    Ya no nos apartaremos más de ti,
    Nos harás revivir y tu nombre invocaremos.

 

 

SEGUNDA LECTURA: Heb 10:5-10


En el cristianismo no hay más sacrificio que el que Cristo hizo de sí mismo una vez para siempre y que la Iglesia rememora y renueva en la celebración eucarística. Agradezcámosle este su sacrificio y prometamos al Señor que seguiremos sus pasos.

 

 

ALELUYA


Aleluya, aleluya.

Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.

Aleluya.

 

 

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS: Lc 1:38


María creyó y se fió plenamente del Señor al decir: “Hágase en mi según tu palabra.” Y esta fe, proclamada con humildad, es admirada por Isabel. El cristiano cree, y humildemente proclama su fe condiando en la acción divina.

 

 


Eva Se Cambia En Ave

 


Este último domingo de Adviento nos presenta a la Virgen María con un dinamismo estupendo cambiando el nombre de la primera mujer que nos presenta la Biblia, en el Génesis con el nombre de “Eva” por el del “Ave”, con el saludo de su prima Isabel, a la que fue a visitar, a ver si lo que el ángel Gabriel le dijo en la “Anunciación” era verdad: “que concebiría a un niño a pesar de su vejez, al cual le pondría por nombre “Juan”. Isabel entona esas palabras que nosotros rezamos en el Rosario: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”... Ya en la primera lectura, el profeta Miqueas había predicho: “Pero tú, Belén, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel”... En la segunda lectura de la carta a los Hebreos también se predice: “Cuando Cristo entró en el mundo dijo: Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has peparado un cuerpo...Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu volutad...Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre”... En el Evangelio de Lucas, la Virgen María sintetiza todas esas profecías con ese “dinamismo” que le hace salir de sí mismo para convertirse en la primera “Cristofora”, es decir que “lleva a Cristo” dentro de si misma para llevarle a los demás: el niño de Isabel, antes de nacer, ya salta de gozo en el vientre de su madre”. No es “acaparadora”, sino que entrega a su Hijo, ya antes de nacer, a los demás, lleva su gozo, paz, amor, servicio, entrega. El filósofo pagano Celos, del siglo II, al polemizar contra los cristianos se refería a María: “Una pobre campesina que vivía de su trabajo. Una mujer sin fortuna ni nacimiento regio. Porque nadie, ni siquiera sus vecinos, la conocían...Repugna a un Dios, que haya amado a una mujer sin fortuna”. Al Dios cristiano no le repugnó elegir una pobre campesina. Eligió a una mujer capaz de creer, que fue dichosa porque creyó. Ella, la pobre campesina que espera un hijo, en el modelo de nuestro adviento. Hoy para recuperar el sentido cristiano de la Navidad nos volvemos a María, la que fue dichosa porque creyó, la que vivía una fe sometida también a pruebas, a tentaciones, a dificultades; la que asumió por la fe el camino difícil que Dios le iba marcando; la que conservaba en su corazón acontecimientos que no podía comprender fiándose de su Dios; la que fue Inmaculada, libre de pecado, pero no libre d todas las incertidumbres y pruebas de la condición humana. Hay una anécdota rusa muy bonita y apropiada para iluminar todo lo dicho que es como sigue: Dimitri, un jóven honrado, recibió la inspiración e invitación de Dios de ir a la cima de un monte donde Dios le visitaría, se encontraría con él. Y allá fue Dimitri presuroso. La hora fijada por Dios era a las 4 de la tarde. Pero Dimitri se encontró por el camino con un campesino cuyo carro se había estancado en el barro de la carretera. Dimitri le ayudó a sacar el carro y caballo del barro...pero se retrasó mucho a la cita con Dios. Cuando llegó a la cumbre del monte, era ya al atardecer, y Dios ya no estaría alli esperándole...Así pensó y creyó Dimitri, pero de repente oyó una voz: - “!Dimitri, Yo era el campesino del camino!” María es como ese Dimitri ruso que lleva a Jesús en servicio a los demás, a los más necesitados. El Abad cisterciente inglés San Elredo de Rivaulx (1110-1167), en su Sermón 2 sobre la Anunciación predicó con este profundo párrafo que tomo del sermón: Eva se cambia en Ave “Adán había escalado el monte de la soberbia; el Hijo de Dios ha querido descender al valle de la humildad. Ha encontrado un valle donde descender, y ¿dónde se encuentra? No en ti, Eva, madre de nuestra desgracia, no en ti, sino en la bienaventurada María. Ella es exactamente este valle de Hebrón por su humildad y por su fuerza. Es fuerte por su participación en la fuerza, sobre la que se ha escrito: el Señor es fuerte y poderoso. Es esta mujer fuerte de quien dice Salomón: Una mujer fuerte ¿quién la encontrará? Eva, aunque creada en el paraíso sin corrupción ni suciedad, sin enfermedad ni dolor, se ha mostrado muy débil, muy enferma. La mujer fuerte ¿quién la encontrará? ¿Podremos encontrarla en esta tierra de miseria, siendo así que no se la ha podido hallar en la felicidad del pasaíso? Puesto que una mujer se ha revelado tan débil en el paraíso. ¿quién podrá encontrar aquí a la mujer valiente? Hoy, Dios, el Padre, ha encontrado a esta mujer para santificarla; el Hijo la ha encontrado para habitarla; el Espíritu Santo la ha encontrado para saludarla así: Dios te salve, llena de gracia, el Señor está contigo. Ahí tenédis a la mujer valiente, a aquella en quien la ponderación reemplaza a la curiosidad, en quien la humildad excluye toda vanidad, en quien la virginidad se mantiene libre de toda voluptuosidad.” Quiero terminar con una poesía del poeta medieval nacido en Burgos (Castilla, España): Alfonso Álvarez de Villasandino (1340-1424) titulada:

 

 

Cántiga De Santa María

 

 

Virgen digna de alabanza, en ti mi esperanza. Santa, o clemens, o pia, o dulcis, Virgo María; tú me guardas noche y día de mal e de tribulanza. Ave, Dei mater alma, llena bien como la palma, torna mi fortuna en calma mansa, con mucha bonanza... Tú fuiste y serás y eres bendita entre las mujeres; tus gozos fueron placeres en el mundo sin dudanza... Tálamo de Dios y templo; cuando tu vida contemplo, por leyes ni por ejemplo no hallo tu igualanza... Contrario de Eva, Ave, de los cielos puerta y llave; ruega al tu Hijo suave que me oiga mi roganza.

j.v.c.

 

 

 

 

 

 

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