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Vigesimo Primer Domingo Del Tiempo Ordinario

26 de AGOSTO de 2018

TEXTOS BIBLICOS PARA LA LITURGIA EUCARÍSTICA

Aceptar o rechazar a Cristo. En la vida de todo hombre existen momentos en los que se impone una elección. Eso aconteció a los discípulos de Jesús. La fuerza que mueve toda elección es el amor: el amor de Dios a su pueblo y a cada uno de los hombres nos ayudará.
 

ORACION

Oh Dios, fuente de alegría, tu palabra es luz que ilumina al que cree. Háblanos hoy también para que, renovando incesantemente la fe de nuestro corazón, continuemos en el seguimiento de Cristo.


PRIMERA LECTURA: Jos 24:1-2, 15-17, 18 .

Josué propuso al pueblo de Dios una elección: seguir al Señor o a los dioses adorados por otros pueblos. Nosotros también estamos ant esa elección: Dios que nos invita a vivr según el evangelio, o la sociedad que nos atrae a su manera de pensar y de juzgar.


SALMO RESPONSORIAL: Sal.33:2-3, 16 y 18, 19 y 20.

R/GUSTAD Y VED QUE BUENO ES EL SEÑOR.

 

  1. Bendeciré al Señor en todo momento,
    no cesará mi boca de alabarlo.
    Mi alma se gloría en el Señor,
    Que no lo oigan los humildes y se alegren. R/
     
  2. Aunque el justo padezca muchos males
    De todos los libra el Señor,
    Él cuida con afán todos sus huesos,
    No le será quebrado ni uno de ellos. R/

 

 

SEGUNDA LECTURA: Ef. 5,21-32

El criterio para saber como comportarnos con respecto a los demas, no puede ser lo qeu dice la sociedad en la que vivimos, ni la opinión de la gente. Nosotros debemos tratar a los demás del mismo modo que Dios nos ha tratado a nosotros.


ACLAMACION DEL EVANGELIO: Jn. 6, 63-68.

Aleluya, aleluya.

Tus palabras Señor, son espíritu y vida. Tú tienes palabras de vida eterna.

Aleluya.


EVANGELIO SEGUN SAN JUAN: Jn 6, 51-58.

El evangelio nos recuerda cuán difícil es seguir al Señor. Quien desee ser discípulo de Cristo debe renunciar al modo de pensar del mundo y comenzar a pensar y obrar como lo hace Jesús.

 

26 DE AGOSTO: DOMINGO 21 DEL TIEMPO ORDINARIO.

RENOVAR NUESTRA ELECCIÓN


Este domingo nos presenta el final del capítulo 6 del Evangelio de S. Juan, con la preciosa “elección” de S. Pedro, cuando Jesús les dijo a los Doce apóstoles: “¿También vosotros queréis marcharos?”...Pedro le contestó: “¿Señor, a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna: nosotros creemos. Y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios”.

Esa es la elección de Pedro. Se llama también “el Magnificat de Pedro”. Y es porque, imitando a la Virgen María, alaba y reconoce a Jesús como a su Dios y Señor.


Pues, esa elección de Pedro, nos está invitando a renovar nuestra elección. No de un lugar, sino de una persona: de Jesucristo nuestro Señor y Redentor.

En la primera lectura, como un eco lejano, cuando Josué dijo al Pueblo: “Escoged a quién servir”...Y el Pueblo respondió: “¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioeses extranjeros! El Señor es nuestro Dios”. Encontramos, pues, una elección del único Dios verdadero.


Santa Catalina de Siena (1347-1380) en su libro Kephas I (p.23-24) escribió:


“¿Vosotros también queréis marcharos?”


Yo os escribo en su preciosa sangre con el deseo de que veáis a los verdaderos servidores de Jesús crucificado, constantes y perseverantes hasta la muerte, para que recibáis la corona de gloria, que no se da al que comienza solamente, sino al que persevera hasta el fin. Quiero, por tanto, que os apliquéis a correr con celo por el camino de la verdad, esforzaos siempre en avanzar de virtud en virtud. No avanzar es retroceder, pues el alma no puede jamás estar quieta. Y ¿cómo podremos nosotros, muy queridos hijos, aumentar el fuego en el santo deseo? Poniendo la leña en el fuego. Pero ¿qué fuego? El recuerdo de los numerosos e infinitos favores de Dios, que son innombrables, y sobre todo el recuerdo de la sangre vertida por el Verbo, su Hijo único, para mostrarnos a nosotros el amor inefable que Dios nos tiene; recordando nosotros este favor y tantos otros, veremos aumentar nuestro amor”.

Y San Pío de Pietrelcina (1887-1968) en su Epistolario 3, 980, escribió:


Tú tienes palabras de vida eterna


Ten paciencia y persevera en la práctica de la meditación. Al principio conténtate con avanzar a pasos pequeños. Más adelante tendrás piernas que no desearán sino correr; mejor aún, alas para volar. Conténtate con obedecer. No es nunca fácil, pero es a Dios a quien hemos escogido. Acepta ser una pequeña abeja en el nido de la colmena; muy pronto llegarás a ser una de esas grandes obreras hábiles para la fabricación de la miel. Permanece siempre delante de Dios y de los hombres, humilde en el amor, Entonces el Señor te hablará en verdad y te enriquecerá con sus dones.

Las abejas, al atravesar los prados, recorren grandes distancias antes de llegar a las flores que han escogido; seguidamente, fatigadas pero satisfechas y cargadas de polen, vuelven a entrar en la colmena para realizar allí la transformación silenciosa pero fecunda del néctar de las flores en néctar de vida. Haz tú lo mismo: después de escuchar la Palabra, meditada atentamente, examina los diversos elementos que contiene, busca su significado profundo. Entonces se te hará clara y luminosa, tendrá el poder de transformar tus inclinaciones naturales en una pura elevación del espíritu, y tu corazón estará cada vez más estrechamente unido al corazón de Cristo”.


Termino con un precioso soneto del Padre José Luis Martín Descalzo (1930-1991), ya conocido, pero muy a propósito hoy con la confesión de Pedro.

 

Fe

En medio de la sombra y de la herida
me preguntan si creo en Ti. Y digo
que tengo todo cuando estoy contigo:
el sol, la luz, la paz, el bien, la vida.
Sin Ti, el sol es luz descolorida.
Sin Ti, la paz es un cruel castigo.
Sin Ti, no hay bien ni corazón amigo.
Sin Ti, la vida es muerte repetida.
Contigo el sol es luz enamorada,
y contigo la paz es paz florida.
Contigo el bien es casa reposada,
y contigo la vida es sangre ardida.
Pues, si me faltas Tú, no tengo nada:
ni sol, ni luz, ni paz, ni bien, ni vida. 

 

 

j.v.c. 

 

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