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Vigesimo Segundo Domingo Del Tiempo Ordinario

2 de Septiembre de 2018

TEXTOS BIBLICOS PARA LA LITURGIA EUCARÍSTICA

En la vida del hombre siempre hay tradiciones religiosas y leyes humanas que se absolutizan. Jesús nos subraya el valor de la conciencia como raíz del comportamiento humano y criterio de moralidad. La voz de la conciencia dirigida por la Palabra de Dios hace que en la vida se superen los legalismos y los puros formulismos sin vida.


ORACION

Oh Dios, todo poderoso y eterno, que, por medio de tu Hijo Jesús, nos has manifestado tu voluntad. Haz que nosotros, volvamos a ti y hagamos de tu palabra alimento de vida.


PRIMERA LECTURA: Dt.4, 1-2; 6-8

Los mandamientos de Dios son el criterio para vivir rectamente. No hay persona más sabia ni más afortunada que aquella que sigue la voz del Señor.


SALMO RESPONSORIAL: Sal 15:1-2,3-4 y 6.

R/ SEÑOR ¿QUIEN PUEDE HOSPEDARSE EN TU TIENDA?

 

  1. El que es irreprochable
    y actúa con justicia.
    El que dice la verdad con el corazón
    y no calumnia con su lengua. R/

     
  2. El que no daña a su hermano
    Ni al prójimo molesta con agravios.
    El que menosprecia al criminal,
    pero honra a los que temen al Señor. R/
     
  3. El que no se retracta lo que ha dicho,
    el que no presta dinero a usura
    ni acepta sobornos para perjudicar al inocente.
    Quien obra asi jamás vacilará. R/


SEGUNDA LECTURA: Sant 1:17-18, 21-22, 27

Amar a Dios es rechazar el pecado y estar siempre atento a las necesidades de los demás. Pidámosle a Dios que nos ayude a vivir siempre según su voluntad.

 


Aclamación al Evangelio Sant. 1:18

Aleluya, Aleluya. El Padre por propia iniciativa, con la palabra de la verdad nos engendró, para que seamos como primicia de sus criaturas. Aleluya.


EVANGELIO SEGÚN JUAN Mc 7:1-8, 14-15, 21-23

Jesús recrimina a los que dejan a un lado el mandamiento de Dios y se aferran a la tradición de los hombres. El Señor nos pide que dejemos de vivir pendientes del juicio de los demás y vivamos solamente para agradar a Dios.


02 de septiembre de 2018: DOMINGO 22 DEL TIEMPO ORDINARIO

TEMA: CONCORDIA DE CUERPO Y ALMA


Este domingo 22 del tiempo ordinario me sugiere el título de esta homilía:

“concordia de cuerpo y alma”...Y es porque en el Evangelio, cuando se narra la disputa de Jesús con los fariseos que acusaban a los discípulos del Señor de comer sin lavarse antes las manos, Jesús les dijo: “nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro, lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro del corazón del hombre salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos...codicias, injusticias...envidia...orgullo, frivolidad”...

En una palabra, Jesús quiere que de dentro de nuestro corazón salgan los frutos del Espíritu Santo, que S. Pablo escribió en su carta a los Gálatas 5,22-23: “amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí”. Y eso equivale a la “concordia de cuerpo y alma”.

Hay un “Apotegma” o dicho de los Padres del Desierto que dice así:

“Uno de los padres dijo: justamente como es imposible ver tu cara en agua sucia del mar cuando navegas dentro de un bote, así también el alma, a no ser que esté limpia de malos pensamientos, no es capaz de orar a Dios en la contemplación”.

Esto es decir lo mismo que Jesús, que nos pide “tener un corazón limpio de malos deseos y pensamientos”, tener esa “concordia de cuerpo y alma”.

San Gregorio de Nisa (330-394), en una homilía dijo:


“Crea en mí un corazón puro”

Bienaventurados los limpios de corazón, ellos verán a Dios”. Creemos fácilmente que un corazón purificado nos dará a conocer la felicidad suprema. Pero esta purificación del corazón parece tan ilusoria como la subida al cielo. ¿Qué escala de Jacob, qué carro de fuego semejante al que se llevó al profeta Elías al cielo encontraremos para llevar nuestro corazón hacia la bienaventuranza celeste y liberarlo de todo su peso terreno?

No alcanzamos sin dificultad la virtud: ¡Qué sudores y de pruebas! ¡Qué de esfuerzos y de sufrimientos! La Escritura nos lo recuerda a menudo: estrecha y angosta es la puerta del reino, mientras que el pecado nos lleva a la perdición por un camino ancho e inclinado. Y, sin embargo, la misma Escritura nos asegura que se puede llegar a esta existencia superior. ¿Cómo llegar a ser puro? El sermón de la montaña nos lo enseña por todas partes. Leed los mandamientos uno tras otro y descubriréis el verdadero arte de la purificación del corazón.

Al mismo tiempo que Cristo nos promete la bienaventuranza, nos instruye y nos forma en la consecución de esta promesa. Sin duda, no alcanzamos sin dificultad la bienaventuranza. Pero compara estas penas con la existencia de la vida de la que te alejan, y verás cómo el pecado es más penoso, si no inmediatamente, por lo menos en la vida futura. ¡Qué desgraciados son aquellos cuyo espíritu se obstina en las impurezas! Sólo verán la cara del Adversario. La existencia de un justo, al contrario, queda marcada con la efigie de Dios.

Sabemos qué consecuencias tiene, por un lado, una vida de pecado y, por otro, una vida de justicia, y ante la alternativa tenemos la libertad de escoger. Evitemos, pues, la cara del demonio, arranquemos su odiosa máscara y, revestidos de la imagen divina, purifiquemos nuestro corazón. Así poseeremos la felicidad y la imagen divina brillará en nosotros gracias a nuestra pureza en Cristo Jesús, nuestro Señor”.

Quiero concluir con una poesía del poeta Antonio Oliver Belmas, nacido en Cartagena en 1903 y muerto en Madrid en 1968, titulada:


LA PAZ ÍNTIMA


Enfría, Señor, mi boca;
Señor, reduce mi brasa;
dame, como te lo pido,
concordia de cuerpo y alma.
Frente al perverso oleaje
ponme costado de gracia.
Dame, como te lo demando,
concordia de cuerpo y alma.
Señor, mitiga mi angustia;
remite, Señor, mi ansia;
dame, como te lo clamo
concordia de cuerpo y alma.
No dejes que los sentidos
me rindan en la batalla.
Señor, Señor, no me niegues
concordia de cuerpo y alma.

j.v.c. 

 

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