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Vigésimo Tercer Domingo Del Tiempo Ordinario

9 de Septiembre de 2018

TEXTOS BIBLICOS PARA LA LITURGIA EUCARÍSTICA

El profeta anuncia la salvación, que es la presencia mesiánica y la supresión del sufrimiento del hombre. Jesús es el que nos trae esta verdadera salvación y manifiesta su presencia en la curación del sordomudo. Y es en la sociedad de hoy en la que el cristiano se debe de dar cuenta de que Dios está en el pobre, al que no se puede despreciar, y que espera nuestra ayuda.

ORACION

Oh Dios, esperanza de todos los hombres Tú, enviándonos a tu Hijo Jesús nos libraste de la angustia y del sufrimiento. Abre hoy nuestros oídos para que escuchemos tu palabra salvadora y abre también nuestras bocas para que sepamos cantar tu alabanza. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén


PRIMERA LECTURA: Is 35:4-7

El profeta Isaías nos recuerda que Dios nunca se olvida de ayudar a su pueblo. Aunque se haga esperar, la salvación de Dios colma nuestros deseos y supera con mucho nuestras expectativas.


SALMO RESPONSORIAL: Sal 146:1.2 y 10, 6-7, 8-9

R/ ALABA, ALMA MIA, AL SEÑOR

 

  1. Alaba, alma mía, al Señor.
    Que da su justicia a los oprimidos,
    Que proporciona su pan a los hambrientos.
    El Señor deja libres a los presos. R/
     
  2. El Señor da la vista a los ciegos.
    El Señor endereza a los encorvados,
    El Señor ama a los justos;
    Da el Señor protección al forastero. R/
     
  3. El Señor reanima al huérfano y a la viuda,
    Más desvía el camino de los malvados.
    El Señor reina para siempre,
    Tu Dios, Sion, de generación en generación. R/


SEGUNDA LECTURA: Sant 2:1-5

Creer que Dios es nuestro Padre es tratar a toda persona como hermano. Leamos la segunda lectura y pidamos al Señor que aleje de nuestra comunidad toda discriminación y toda división.


Aclamación al Evangelio Mt 4:23

Aleluya, Aleluya. Jesús predicaba el Evangelio del Reino, curando las enfermedades del pueblo. Aleluya.


EVANGELIO SEGÚN MARCOS Mc 7:31-37

El evangelio nos recuerda que Jesús es capaz de abrir nuestros oídos para que escuchemos su palabra y puede darnos su gracia para que nuestra lengua proclame su alabanza. Pidamos con humildad que el Señor nos cure de nuestras enfermedades y nos haga buenos discípulos suyos.


9 de septiembre: DOMINGO 23 DEL TIEMPO ORDINARIO
TEMA: ÁBRETE A LA ESCUCHA


Este domingo nos presenta en el Evangelio a Jesús curando a un sordo con esa palabra: Effetá que significa “ábrete”...

Me recuerda un proverbio que dice: “para hablar tienes que tener un mensaje que comunicar, y para callar tienes que tener un secreto a guardar”.

Jesús nos abre como al sordo para la comprensión profunda de las personas que nos rodean y de sus dificultades. Y al mismo tiempo, él es el secreto que tenemos que contemplar en silencio. Él y sus palabras de vida, su revelación de cómo es Dios Padre. Por eso pongo ese título a esta homilía: “ábrete a la escucha”.

Ya el profeta Isaías, en la primera lectura, nos anuncia al Mesías diciendo que con él “los oídos del sordo se abrirán”...

“Jesús todo lo ha hecho bien”, decía la gente que vio el milagro. Esa expresión nos recuerda el capítulo uno del Génesis, cuando Dios creó el cielo y la tierra, el sol y la luna, las aves, los animales y los peces, y al hombre mismo, y en cada paso se nos dice que “Dios vio que todo estaba bien hecho”...


Jesús está haciendo una nueva creación.
En la “Oda de Salomón” n. 12 se dice preciosamente:
Su lengua se desató, y hablaba correctamente

Él ha llenado mi boca con palabras de Verdad
para que yo pueda comunicarlas:
como caudal de aguas,
fluye la Verdad de mi boca
y mis labios declaran su fruto.

Él ha hecho que su conocimiento abunde en mí,
porque la boca del Señor
es la Palabra verdadera
y la puerta que conduce a su Luz.

El Altísimo ha estipulado sus palabras,
las cuales expresan su propia Belleza;
repiten sus alabanzas
y son informadoras de sus consejos;
heraldos de sus pensamientos
y correctoras de sus siervos.

Porque lo sutil de la Palabra es inexpresable,
y lo que expresa es su rapidez y fuerza.
Su rumbo no conoce límites.

Nunca falla, pues es siempre certera,
no se ve de dónde desciende ni hacia dónde se dirige.
Así es su labor y su propósito:
es la luz y el amanecer de los pensamientos.

Por ella los mundos hablan uno al otro;
y en la Palabra estuvieron aquellos que fueron silenciados;
de ella vienen el Amor y la Armonía que comunica a lo suyos;
a los que han sido traspasados por la Palabra;
y así ellos pudieron conocer a quien los creó,
porque estuvieron en comunión
y la boca del Altísimo les habló,
y su explicación corría por su cuenta.

Porque la morada de la Palabra es el hombre:
y su Verdad es Amor.
Benditos son los que, por medio de ella,
han entendido todo y han percibido
al Señor en su Verdad. Aleluya.

 


Termino con el soneto del poeta de Catarroja (Valencia) Bartolomé Llorens (1922-1946), titulado:

Presencia del Señor

Siento la voz divina de tu boca,
acariciar mi oído tiernamente,
tu aliento embriagarme, y en mi frente
la mano que ilumina cuanto toca.


De mi antiguo corazón de amarga roca
ha brotado divina, oculta fuente,
y una armonía dulce y sorprendente
a su celeste amor fiel me convoca.


La soledad, la noche en que vivía,
el hondo desamparo y desconsuelo,
son amor, son verdad, son alegría,
la triste esclavitud que me perdía,
son ahora presencia, luz sin velo,
¡son libertad en Ti. Señor, son cielo!

j.v.c. 

 

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