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Papa Francisco en Japón

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Vigesimo Quinto Domingo Del Tiempo Ordinario

22 de Septiembre de 2019

TEXTOS BIBLICOS PARA LA LITURGIA EUCARÍSTICA

No se puede servir a Dios y al dinero. Amós recrimina a los que, por amor al dinero, cometen injusticias. Jesús nos invita a conseguir la verdadera libertad, que consiste en un orden humano y cristiano de valores. Para seguir por ese camino de servicio a Dios por encima del dinero y del poder.

 

ORACION

Oh Dios, generoso en dones y gracias, tu Hijo, Jesús nos mostró, con su propia vida, el camino de la perfecta pobreza. Haz que quienes seguimos sus huellas, sepamos darnos cuenta en que consiste la auténtica abundancia. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen


PRIMERA LECTURA: Amos 8:4-7

El ansia desmedida por enriquecerse produce injusticias e hirientes divisiones sociales. No es fácil para el que está metido en esa realidad captarla en profundidad; pero Amós, pastor sencillo y profeta, denuncia con valentía la injusticia y la avaricia delos poderosos.

 

SALMO RESPONSORIAL: Sal 113:1-2, 3-4, 7-8

R/ ALABEN AL SEÑOR, QUE ALZA AL POBRE

¡Alaben, servidores del Señor.
Alaben el nombre del Señor!
¡Bendito sea el nombre del Señor,
Ahora y para siempre! R/

¡El Señor domina a todas las naciones,
Su gloria está por encima de los cielos!
¿Quién es como el Señor, nuestro Dios,
Que se sienta en las alturas,
Pero que se inclina para ver los cielos y la tierra? R/

Al pobre lo recoge desde el polvo,
De la mugre retira al desvalido,
Para darle un asiento entre los nobles,
Con los grandes de su pueblo. R/


SEGUNDA LECTURA: 1 Tm 2:1-8

Pablo nos dice que hay que orar por los que ejercen el poder y la autoridad; pero la oración cristiana debe siempre invocar la paz, la convivencia, la dignidad. Los cristianos no deberíamos orar nunca por el triunfo de la fuerza o de la agresión.


ACLAMACION DEL EVANGELIO 2 Co 8:9

Aleluya, aleluya Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza. Aleluya.


EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS: Lc 16:1-13

El amor al dinero produce egoísmos y falta de solidaridad. Es lo opuesto al amor a los demás. El dinero no puede ser el objetivo de la vida ni el valor supremo. Hay que optar siempre entre Dios o el dinero, la entrega o el egoísmo.

 

TEMA: ¿Para qué queremos el dinero?

Una vez dijo alguien que “es imposible amasar una fortuna sin antes hacer harina a los demás”. Posiblemente sea una exageración, pero, como todas las exageraciones, tiene algo de verdad. La realidad es que la prosperidad que se experimenta hoy en los países desarrollados se debe mucho al trabajo y la industria de sus ciudadanos, pero también, seamos realistas, a todo lo que en el pasado y hoy de diversas maneras, se ha sacado de los pueblos más pobres. No es cuestión de entrar aquí a discutir cuestiones económicas ni históricas. Pero sin llegar tan lejos no es difícil comprender que el sistema económico en el que vivimos no es precisamente evangélico. 

En el evangelio de hoy Jesús nos cuenta la historia del administrador injusto. Sabe que va a ser despedido y procura utilizar todos los recursos de que dispone para hacerse con amigos que le garanticen su futuro. Ya se sabe, “hoy por ti y mañana por mí”. Jesús no pretendía hablar de economía. Simplemente planteaba la situación de un hombre que se encuentra en una situación límite y que es capaz de discurrir lo suficiente como para sacar partido de ella en orden a cubrirse el futuro. Pero a nosotros nos vale la comparación y no es difícil aplicarla al mundo de la economía que tan importante es en nuestra sociedad. 

En primer lugar, ¿quién no está a punto de ser despedido? Ciertamente hoy se vive una situación de precariedad laboral. Pero es que, además, nuestra estancia en este mundo es limitada, nuestra vida aquí tiene fecha de caducidad, aunque no esté escrita en la etiqueta como en los productos del supermercado. No sabemos de cuánto tiempo disponemos. En segundo lugar, ¿no es injusto el dinero que tenemos? ¿Podemos decir que es “mío”? Los recursos de este mundo son para todos y en la fraternidad todo se comparte. Así que lo mejor que podemos hacer es compartir aquello de lo que nos hemos apropiado. Y, tercero, que mejor que compartirlo haciendo amigos, creando fraternidad, estableciendo lazos de solidaridad. De esa manera lo que en nuestra sociedad nos separa –lo mío y lo tuyo, mi dinero, mi casa...–, se convierte en instrumento de fraternidad. Y, de paso, nos encontramos con la llave que nos abre la puerta a una vida mejor, a una vida más plena en la que ya aquí podemos saborear la vida del Reino: la fraternidad de los hijos de Dios. 

Al final, los que se dedican exclusivamente a cuidar lo “suyo” convierten el dinero, lo que poseen, en un ídolo, en otro dios al que sirven con pasión y devoción. Pero se equivocan porque Dios sólo hay uno. Y los bienes de este mundo no son más que instrumentos al servicio del Reino. 



 

 

Para reflexionar

¿Utilizo bien los recursos de que dispongo o los despilfarro en gastos inútiles que no me benefician ni a mí ni a mi familia? 
¿Cómo los debería usar? 
¿Cómo contribuyo a crear fraternidad con mis bienes?

 

 

 

 
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