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18 de febrero de 2026

 

 

Hoy, 18 de febrero, es Miércoles de Ceniza y con él comienza la Cuaresma. Este año, el Domingo de Resurrección será el 5 de abril, coincidiendo casi exactamente con el inicio del nuevo año (fiscal y escolar en Japón).

 

Iglesia San Ignacio

Cada año, la Cuaresma nos ofrece la oportunidad de recordar las promesas que hemos hecho, algo vital para nosotros que, aunque tomemos decisiones con determinación, solemos olvidarlas pronto.

En nuestra vida, muchos hemos experimentado cuánto esfuerzo se requiere para reparar una relación cuando olvidamos o rompemos una promesa hecha a alguien querido. Sin embargo, con Dios es distinto. Dios, que nos dio la vida, espera y desea un mundo donde esa vida se viva plenamente y donde se respete la dignidad de cada persona como imagen suya. A pesar de que fallamos en trabajar por ese ideal y a menudo traicionamos esa confianza, Dios no corta su relación con nosotros; Él nos sigue esperando. Dios nos espera.

Cuando decidimos caminar como hijos de Dios, aceptamos el Evangelio y recibimos la gracia del bautismo, prometimos vivir de tal manera que el mensaje de Jesús se hiciera realidad en este mundo. Quizás quienes fueron bautizados de niños no lo recuerden, pero pregunto a quienes se bautizaron de adultos: ¿lo recuerdan? Durante el rito bautismal, el sacerdote les preguntó:

"¿Renuncian ustedes al demonio, a todas sus obras y a sus seducciones?"

¿Qué respondieron? No dijeron "bueno, ya veremos" o "depende de la situación". Respondimos: "Sí, renuncio". Pero, ¿cómo estamos viviendo esa promesa hoy?

Cuando Jesús pasó por la prueba de los 40 días en el desierto, fue tentado por el demonio de tres formas. Si las observamos, veremos que las "obras y seducciones" del mal no son ajenas a nuestra vida cotidiana:

Convertir las piedras en pan: Es la tentación de centrarnos solo en nuestros deseos instintivos, en la comodidad y la seguridad personal. Es intentar usar a Dios para nuestros propios fines, definiendo a Dios según nuestros intereses.

Desafiar a Dios: Es el deseo de soberbia, la falta de humildad de creer que nosotros somos los dueños y señores de este mundo.

Obtener todo el poder y la prosperidad: Es la arrogancia de pensar que la humanidad es la única soberana de la creación.

Al reflexionar sobre esto, ¿no nos damos cuenta de que a menudo cedemos ante estas tentaciones? Todo lo que presume de poder en este mundo se convertirá, tarde o temprano, en ceniza. Ese es precisamente el simbolismo del Miércoles de Ceniza con el que iniciamos este tiempo.

La tradición de la Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un viaje de renovación de la fe, centrándonos en tres pilares: la oración, el ayuno (abstinencia) y las obras de caridad. Especialmente sobre la caridad, la Iglesia nos pide que durante este tiempo miremos hacia el prójimo que sufre, particularmente hacia aquellos que la sociedad suele olvidar, y que realicemos colectas especiales de ayuda.

En esta Cuaresma, regresemos al origen de nuestra fe. Volvamos a nuestra promesa inicial. Caminemos junto a quienes se preparan para recibir el bautismo esta Pascua y renovemos juntos nuestro compromiso con Dios.

 

 

(Traducción no oficial, realizada por Sr. Ivette Sánchez, MC)