
Domingo 2 De Agosto De 2026
Hoy el Señor nos invita a traer ante Él nuestra hambre: no solo la del cuerpo, sino también la del alma. En la primera lectura, Dios promete un banquete para su pueblo, un amor que sacia sin precio. San Pablo nos recuerda que nada puede separarnos del amor de Cristo. En el Evangelio, Jesús mira con compasión a la multitud y multiplica los panes, mostrando que la generosidad de Dios siempre supera nuestras expectativas. Al comenzar esta Eucaristía, abramos nuestro corazón a Aquel que es el único que puede saciar nuestro anhelo más profundo.

ORACIÓN COLECTA
Oh Dios, que sacias con tu gracia a los que tienen hambre y sed, agradeciendo tu amor rebosante, te pedimos que sepamos escuchar y seguir tu palabra, para poder vivir la alegría de la verdadera vida. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA: Is 55:1-3
El profeta, en nombre de Dios, promete saciar gratuitamente el hambre de los hombres. Esta imagen es figura de la gracia que Jesús ofrece abundante y gratuitamente a todo el que se acerca a Él.
SALMO RESPONSORIAL: Sal 145:8-9, 15-16, 17-18
R/ ABRES TU MANO, SEÑOR; Y NOS SACIAS DE FAVORES:
- El Señor es ternura y compasión,
paciente y lleno de amor.
El Señor es bondad para con todos,
sus ternuras están en todas sus obras.
R/ - Los ojos de todos de ti esperan
que les des a su tiempo su alimento.
Tú solo abres tu mano y satisfaces
los deseos de todo ser viviente.
R/ - Justo es el Señor en todos sus caminos
y bondadoso en todas sus obras.
Cerca está el Señor de los que le invocan,
de todos los que lo invocan de verdad.
R/
SEGUNDA LECTURA: Rm 8:35, 37-39
Pablo ha conocido a Cristo y su entusiasmo es desbordante. También él ve y experimenta el mal y las desgracias, pero está seguro de que nada ni nadie podrá separarlo de Cristo.
ALELUYA: Mt 4:4
Aleluya, aleluya.
No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Aleluya.
EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO: Mt 14:13-21
Los cristianos hemos recibido la hermosa y difícil misión de saciar el hambre que la gente tiene de Dios. Lo poco que poseemos, si se lo ofrecemos a Dios y lo usamos como Él quiere, se puede transformar en un instrumento para la salvación de mucha gente necesitada.
