
16 De Agosto De 2026
Hoy, la Palabra de Dios nos invita a descubrir una verdad a la vez exigente y consoladora: la misericordia de Dios no tiene fronteras. En el Evangelio, una mujer extranjera —una cananea— se acerca a Jesús con una fe audaz. No se rinde, aun cuando todo parece estar en su contra. Y Jesús revela un corazón lo suficientemente amplio para abrazar a todos los pueblos, un amor que derriba muros, una gracia que va más allá de cualquier límite que nosotros podamos trazar. Al comenzar esta celebración, abramos nuestro corazón al Dios que acoge, sana y siempre nos sorprende, y nos invita a crecer en compasión, humildad y fe.

ORACIÓN COLECTA
Oh Dios, fuente de la salvación, acepta complacido los deseos de cada uno de los aquí reunidos y haz que, aun experimentando nuestra debilidad y flaqueza, sigamos firmes en la esperanza de tu salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA: Is 56:1, 6-7
Dios puede dar respuesta al deseo de salvación de todos los hombres y mujeres del mundo. Toda persona que busque a Dios con un corazón recto encontrará en Él la salvación.
SALMO RESPONSORIAL: Sal 67:2-3, 4-5, 7-8
R/ OH DIOS, QUE TE ALABEN LOS PUEBLOS, QUE TODOS LOS PUEBLOS TE ALABEN.
1. ¡Que Dios tenga piedad y nos bendiga,
nos ponga bajo la luz de su rostro!
Para que conozcan en la tierra tu camino,
tu salvación en todas las naciones.
R/
2. Que los pueblos se alegren y te canten.
Pues tú juzgas los pueblos con justicia,
tú riges a los pueblos de la tierra.
R/
3. Que los pueblos te den gracias, oh Dios,
que todos los pueblos te den gracias.
Que nos bendiga Dios, y sea temido
hasta los confines de la tierra.
R/
SEGUNDA LECTURA: Rm 11:13-15, 29-32
Ante Dios todos somos pecadores. Nadie tiene derecho a despreciar a los demás, ya que todos hemos sido salvados por pura misericordia divina.
ALELUYA: Mt 4:23
Aleluya, aleluya.
Jesús predicaba el Evangelio del Reino, curando las enfermedades del pueblo.
Aleluya.
EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO: Mt 15:21-28
Hay momentos en la vida en los que parece que Jesús no nos hace caso o nos trata con frialdad. Pero lo cierto es que el Señor nunca desatiende los ruegos de quien se acerca a Él con un corazón humilde y confiado.
