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Retiro De Cuaresma 2020 Comunidad Latina De Chiba

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Sexto Domingo Del Tiempo Ordinario

16 de febrero de 2019

TEXTOS BIBLICOS PARA LA LITURGIA EUCARÍSTICA

El hombre goza de libertad, es responsable en la elección del bien o del mal. El evangelio perfecciona las leyes de la ley antigua y será la verdadera sabiduría, la que no es de este mundo, la que guíe al cristiano en el equilibrio de la elección.

 

ORACION

Señor, tú que te complaces en habitar en los rectos y sencillos de corazón, concédenos vivir por tu gracia de tal manera que merezcamos tenerte siempre con nosotros. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen

PRIMERA LECTURA: Si 15:15-20

En el camino de la vida Dios nos habla de muchos y distintos modos, nos invita a escoger lo mejor. Sabio es aquel que reconoce que hacer la voluntad de Dios es el único modo de vivir plenamente.

 

SALMO RESPONSORIAL: Sal 119:1-3.17-18

R/ DICHOSOS LOS QUE CAMINAN EN LA VOLUNTAD DEL SEÑOR.

  1. Felices los que van por un camino intachable, 

    los que siguen la ley del Señor,
    
Felices los que cumplen sus prescripciones 

    y lo buscan de todo corazón. /R
     
  2. Tú promulgaste tus mandamientos 
para que se cumplieran íntegramente.
    
¡Ojalá yo me mantenga firme 
en la observancia de tus preceptos!. /R

     
  3. Sé bueno con tu servidor, 

    para que yo viva y pueda cumplir tu palabra.

    Abre mis ojos, 
para que contemple las maravillas de tu ley. /R


SEGUNDA LECTURA: 1 Co 2:6-10

El apóstol San Pablo nos invita a escuchar la palabra de Dios y seguirla. No hay en todo el mundo palabra más sabia y confiable que la palaba que Dios habla al corazón del hombre.

ACLAMACION DEL EVANGELIO Mt 11:25

Aleluya, aleluya Te doy gracias, Padre, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. Aleluya.

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO Mt 5:17-37

El evangelio nos habla de la relación entre las leyes exteriores y la ley de Cristo. Las leyes y obligaciones que la vida nos impone deben ser un camino para amar a los demás. Cristo no vino a abolir las leyes, sino a invitarnos a vivirlas con amor.


TEMA: “No he venido a abolir la Ley y los Profetas : he venido a darle plenitud”

En todo tiempo y en todo pueblo es grato a Dios quien le teme y practica la justicia (cf.Hch.10,35). Sin embargo, fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente. Por ello eligió al pueblo de Israel como pueblo suyo, pactó con él una alianza y le instruyó gradualmente, revelándose a Sí mismo y los designios de su voluntad a través de la historia de este pueblo, y santificándolo para Sí.

Pero todo esto sucedió como preparación y figura de la alianza nueva y perfecta que había de pactarse en Cristo y de la revelación completa que había de hacerse por el mismo Verbo de Dios hecho carne. “He aquí que llegará el tiempo, dice el Señor, y haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá... Pondré mi ley en sus entrañas y la escribiré en sus corazones, y seré Dios para ellos y ellos serán mi pueblo... Todos, desde el pequeño al mayor, me conocerán, dice el Señor” (Jr.31,31-34). Ese pacto nuevo, a saber, el Nuevo Testamento en su sangre (cf.1Co 11,25), lo estableció Cristo convocando un pueblo de judíos y gentiles, que se unificara no según la carne, sino en el Espíritu, y constituyera el nuevo Pueblo de Dios (…) “un linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo de adquisición (...), que en un tiempo no era pueblo y ahora es pueblo de Dios” (1P 2,9-10).

 

Para la reflexión

¿Por qué tengo que ir a misa el domingo?
En el principio no era así. No existía semejante mandamiento.
Para los primeros cristianos reunirse en asamblea para celebrar la cena del Señor era una necesidad, no una obligación.
Ustedes y yo vivamos el domingo como día de descanso, como día del Señor, día de dar culto a Dios, día de alimentar la fe con la Palabra y de formar asamblea con los hermanos. 
Éste, como todos los mandamientos, hay que vivirlo desde dentro, desde la convicción y el amor, nunca farisaicamente desde fuera, y mucho menos desde la amenaza de una letra que mata lo humano y lo divino.

 

 

 

 

 

 

 “Perdonar nos da un corazón puro, y el que tiene un corazón puro puede amar a Dios”.
 

(Madre Teresa de Calcuta)

 
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