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Papa Francisco en Japón

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Vigesimo Septimo Domingo Del Tiempo Ordinario

6 de octubre de 2019

TEXTOS BIBLICOS PARA LA LITURGIA EUCARÍSTICA

La vida en el tiempo del profeta Habacuc no era una vida fácil; pero en medio de todas las desgracias nos dice que la fe es la que dará vida al justo. Para el siervo humilde, es el poder de la fe el que hace posible el dar valientemente testimonio del Señor y de su mensaje.

 

ORACION

Oh Dios padre nuestro que invitas a todos y les das tu ayuda para andar el camino de la fe, concédenos a los aquí reunidos en el nombre de Jesús, renovar continuamente nuestro compromiso de fe, y vivir haciendo del evangelio nuestra norma de vida. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen


PRIMERA LECTURA: Amos 6:1,4-7

Dios nos anunció un reino de paz y de justicia pero desde ese anuncio hasta su realización el camino es largo. El que cree en Dios, ve las injusticias del mundo y mantiene viva la fe; el injusto, en cambio, ve los problemas y las injusticias del mundo y se desespera.


SALMO RESPONSORIAL: Sal 95:1-2,5-6,7-8

R/ OJALA PUDIERAN HOY OIR LA VOZ DEL SEÑOR

Vengan, alegres demos vivas al Señor,
Aclamemos a la Roca que nos salva;
Partamos a su encuentro dando gracias;
Aclamándole con cánticos. R/

¡Entremos, agachémonos, postrémonos
De rodillas ante el Señor que nos creó!
Pues él es nuestro Dios
Y nosotros el pueblo que él pastorea,
El rebaño bajo su mano. R/

Ojalá pudieran hoy oír su voz:
“No endurezcan sus corazones como en Meribá,
Como el día de Masá en el desierto;
Allí me desafiaron sus padres
Y me tentaron, aunque veían mis obras”. R/


SEGUNDA LECTURA: 2 Tm 1:6-8;13-14

San Pablo invita a Timoteo a hablar de Dios sin miedo. A no avergonzarse de ser cristiano. Leamos la segunda lectura y pidamos la gracia de la fortaleza para dar testimonio de Dios en nuestra vida de todos los días.


ACLAMACION DEL EVANGELIO 1 P 1:25

Aleluya, aleluya La palabra del Señor permanece para siempre; y esa palabra es el evangelio que os anunciamos. Aleluya.


EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS: Lc 17:5-10

Los apóstoles piden mayor fe en vistas a su misión. Pero Jesús misteriosamente rechaza su petición. Tener fe es creer que la salvación del mundo depende de Dios y no de nuestro esfuerzo y virtudes.

 

TEMA: “Auméntanos la Fe”

El Evangelio de hoy nos ofrece un significativo relato sobre la fe y una breve parábola sobre nuestro papel como servidores de Dios. Estas dos enseñanzas siguen a otro precepto significativo de Jesús sobre el pecado y el perdón, y conducen al relato de la curación de Jesús de los diez leprosos cerca de un pueblo de Samaría. No hay una clara conexión lógica entre los relatos de Jesús en Lucas 17, ni entre los relatos y la historia de la curación que prosigue. Sin embargo, contemplando la tarea cristiana de la misión, escuchamos el eco de los discípulos –aquí llamados apóstoles– mientras imploran a Jesús: «Auméntanos la fe» (Lc 17,5).

A la petición de una mayor fe –aparentemente, una santa petición de crecimiento espiritual– Jesús responde haciendo una confrontación entre dos extremos, utilizando la imagen de una semilla proverbialmente pequeña, la de la mostaza, con la de un gran árbol, la higuera. Nos invita a ir más allá de la lógica ordinaria utilizando una imagen original sugiriéndonos que la fe no actúa según los normales criterios humanos, sino que, por el contrario, aparece incomprensible ante la mirada humana, como una higuera en medio del mar. En cambio, la fe, en su base, es la profunda confianza en Dios y en su modo de actuar. Posiblemente cada misionero con una cierta experiencia ha experimentado los frutos producidos por la acción de Dios en circunstancias que parecían completamente hostiles a cualquier resultado.

El Evangelio de hoy nos invita a creer en Dios más allá de los límites de la lógica humana y del sentido de lo posible, formando así una unidad con la mente, la imaginación, la lógica y el corazón de Dios. «Los apóstoles dijeron al Señor: “Auméntanos la fe”» (Lc 17,5-6)… Jesús los había elegido y enviado. Esos apóstoles son de este modo los testigos oficiales de la buena noticia del resucitado. Y en tal sentido ellos deberán tener la suficiente fe en él. Son los testigos privilegiados de las enseñanzas y de los milagros de Jesús (cf Lc 18,31), y al mismo tiempo son hombres frágiles como todos nosotros, expuestos a las dudas y a la falta de fe (cf Lc 24,11.25.38-39). De ahí su oración dirigida a Jesús en el Evangelio de hoy: «Auméntanos la fe», en la certeza de que él es Dios.

Así podemos entender la novedad que aporta la fe. El creyente es transformado por el amor, al que se abre por la fe, y al abrirse a este amor que se le ofrece, su existencia se dilata más allá de sí mismo. Por eso, san Pablo puede afirmar: «No soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí» (Gál 2,20), y exhortar: «Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones» (Ef 3,17). En la fe, el «yo» del creyente se ensancha para ser habitado por Otro, para vivir en Otro, y así su vida se hace más grande en el amor. En esto consiste la acción propia del Espíritu Santo. El cristiano puede tener los ojos de Jesús, sus sentimientos, su condición filial, porque se le hace partícipe de su amor, que es el Espíritu. Y en este amor se recibe en cierto modo la visión propia de Jesús. Sin esta conformación en el amor, sin la presencia del Espíritu Santo que lo infunde en nuestros corazones (cf Rom 5,5), es imposible confesar a Jesús como Señor (cf 1Co 12,3)» (Lumen fidei 20-21).
 

 

 
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