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A partir del 21 de Junio y hasta nuevo aviso, todos aquellos que deseen participar en la misa dominical, deben inscribirse cada semana:

Por favor lean las INDICACIONES para tal efecto, publicadas en la página Web 

Trigésimo Segundo Domingo Del Tiempo Ordinario

 

8 de Noviembre de 2020

TEXTOS BIBLICOS PARA LA LITURGIA EUCARÍSTICA

Son los últimos domingos del año litúrgico. En ellos se nos recuerda que la vida del cristiano no termina en el vacío sino en el encuentro con Cristo. Este es el fondo de la sabiduría que se da a cuantos la buscan y la desean, y que actúa la siempre atenta espera a la llamada del Señor.

 

ORACION

Oh Dios, todopoderoso, que estás presente en la historia humana y conduces todas las cosas a su plenitud, abre los ojos del corazón a los aquí reunidos en la espera de la vuelta del Señor y concédenos saber discernir lo que en cada momento es necesario.

Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA: Sb 6:12-16

La sabiduría es un don que Dios hace solamente al que desee. Buscar, pedir, no contentarse con lo que nos dice el mundo: quizás sea ese el mejor modo de prepararse a recibirla.

 

SALMO RESPONSORIAL: Sal 63:2,3-4,5-6

R/MI ALMA ESTÁ SEDIENTA DE TI, SEÑOR, DIOS MIO

 

  1. Oh, Dios, tu eres mi Dios, a ti te busco,
    mi alma tiene sed de ti;
    en pos de ti mi carne languidece
    cual tierra seca, sedienta, sin agua. R/
     
  2. Por eso vine a verte en el santuario
    para admirar tu gloria y tu poder.
    Pues tu amor es mejor que la vida,
    mis labios tu gloria cantarán. R/
     
  3. Quiero bendecirte mientras viva
    y con las manos en alto invocar tu nombre.
    Mi alma está repleta, saciada y blanda,
    y te alaba mi boca con labios jubilosos. R/
     
  4. Cuando estoy en mi cama pienso en ti,
    y durante la noche en ti medito,
    pues tú fuiste un refugio para mí
    y salto de gozo a la sombra de tus alas. R/

 

SEGUNDA LECTURA: 1 Ts4:13-18 4:13-14

La esperanza cristiana no termina con la muerte. Creer en Dios es creer que su amor no ha de abandonar nunca a los hijos que ha creado y redimido.

 

ACLAMACION DEL EVANGELIO: Mt 24:42,44

Aleluya, aleluya. Estad en vela y preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. Aleluya.

 

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO: Mt 25:1-13

Esperar, confiar, creer que lo que Jesús nos ha prometido ha de cumplirse indefectiblemente. Esa es la actitud necesaria para recibir al señor y compartir con él la salvación que inmerecidamente nos ofrece.

 

Tema: “El Banquete De Bodas”

 

La Iglesia en su liturgia de este domingo nos presenta la cita final como el encuentro con su esposo Cristo: “El Reino de los cielos se parece a diez muchachas, que salieron a esperar al esposo”. ¿Hay algo más alegre que una boda? Pues así debe representarse el cristiano la vida humana: cual un recorrido que tiene como meta la unión amorosa con Cristo.

Únicamente pueden temer la pérdida eterna de Cristo los que acudan a la cita del más allá con la lámpara del amor apagada. Como las jóvenes necias de la parábola que, al presentarse al banquete nupcial, escucharon la respuesta del esposo: “Os lo aseguro: no os conozco”. No es raro que quien no quiso conocer y reconocer a Jesús en el tiempo, no pueda ser reconocido por El en la eternidad. Sólo puede recibir el abrazo de Cristo en el cielo quien lo prepara en la tierra.

Porque, según la parábola de las diez jóvenes, hay dos tipos de actitud ante la vida, que tienen su repercusión en la muerte. Una insensata, que consiste en no preocuparse de llevar siempre encendida la lámpara de la luz cristiana. Otra sabia, que se toma en serio mantener viva sin cesar la llama de la fe, la esperanza y el amor. Ante una sociedad alocada por laica y materialista, ¿cómo está nuestra sensatez evangélica? ¿Cómo andan nuestras reservas espirituales?

La salvación no se puede improvisar. Hay que irla preparando cada día. Los que se hallen en el buen camino, no tienen más que perseverar en él.

¿Y cuál es el símbolo del aceite? ¿Está Jesús hablando del fervor espiritual, del amor, de la gracia bautismal...? Tal vez es más sencillo recordar su gran deseo: “Yo he venido a traer fuego a la tierra, ¿y qué he de querer, sino que se encienda?”. ¿Hay algo que pueda encender más nuestra fe que el contacto vivo con Jesús?

San Agustín (354-430) en un sermón dijo:

Las vírgenes se despertaron y prepararon sus lámparas

¿Qué quieren decir estas palabras: ¿No llevaban aceite en su lámpara? En su vaso, es decir en su corazón. las vírgenes insensatas, que no han llevado el aceite con ellas, han procurado complacer a los hombres por su abstinencia y por sus buenas obras, que simbolizan las lámparas. Ahora bien, si el motivo de sus buenas obras es complacer a los hombres, no llevan el aceite con ellas. Vosotros, en cambio, llevad este aceite con vosotros; llevadlo en vuestro interior, donde solo Dios ve; llevad allí el testimonio de una buena conciencia. Si evitáis el mal y hacéis el bien para recibir los elogios de los hombres, no tenéis aceite en el interior de vuestra alma.

Las lámparas de las vírgenes sensatas brillan con un vivo esplendor, alimentadas por el aceite interior, por la paz de la conciencia, por la gloria secreta del alma, por la caridad que las inflama. Las lámparas de las vírgenes necias también brillan; y ¿por qué brillan? Porque su luz era producida por las alabanzas de los hombres. Cuando se levantaron, es decir, en la resurrección de los muertos, empezaron a disponer sus lámparas, es decir, a calcular las cuentas que debían rendir a Dios de sus obras. Sin embargo, entonces no había nadie para alabarlas. Buscaban, como lo habrían hecho siempre, brillar con el aceite de otros, vivir de los elogios de los hombres: Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan.

 

Termino con el soneto de Pilar Blázquez Vicente (2004):

Soneto en vísperas de la partida

Aquí vengo, Jesús hasta tu puerta,
¡te esperé con la lámpara encendida!,
acaso no es la llama tan crecida,
pero estuvo en amores bien despierta.
Apenas tu llegada descubierta,
pido entrada en tu casa tan querida.
Abre pronto, Jesús, tú eres mi Vida,
y alejada de ti mi alma está yerta.
¡Ábreme, amado, ya! ¡Qué gran consuelo
descansar donde el mismo Dios reposa!
¡Oh Señor, hecho luz!, ¡descorre el velo!
¡Oh mansión regalada...deliciosa!
¿Qué puedo yo querer, si eres Tú el cielo?

j.v.c. 

 

 

 

 
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